El agua clorada y el cáncer



La medicina actual recomienda tomar dos litros de agua por día para gozar de buena salud. Sin embargo, nada dice sobre el tipo de agua. Queda claro que estamos hablando de agua potable. Pero, ¿es lo mismo tomar agua de la canilla de nuestras casas que agua mineral de botella?

Cualquiera podría decir que ambas resultan sanas y seguras desde el punto de vista de la calidad y que la diferencia está en el sabor (que lo dá el cloro). Pero esto no es así, tomar agua clorada tiene sus riesgos, aunque las empresas que nos abastecen digan lo contario.

Analicemos entonces, cuales son sus beneficios y riesgos:

BENEFICIOS DEL CLORO

El cloro es un excelente desinfectante usado y aceptado en todo el mundo para potabilizar el agua para consumo humano. Las enfermedades propagadas por el agua (cólera, fiebre tifoidea, desintería, giardiasis y hepatitis A) han disminuído gracias al uso de este desinfectante.

El cloro mata o inactiva a los microorganismos (virus y bacterias) causantes de enfermedades. Además, es una sustancia que resulta económica y práctica para ser usada en las plantas de tratamiento de agua.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), las enfermedades relacionadas con la falta de agua potable son las responsables de las tres causas principales de muertes en el mundo. Se calcula que más de 9 millones de personas mueren cada año por este motivo.

RIESGOS DEL CLORO

Si bien el cloro aporta múltiples beneficios a la salud de las personas, también origina riesgos. Cuando el cloro se combina con algunos constituyentes de la materia orgánica (ácidos húmicos y fúlvicos) genera subproductos tóxicos, que resultan "cancerígenos" para el ser humano.

Los ácidos húmicos y fúlvicos forman parte de las sustancias húmicas (humus) que se encuentra en forma natural en suelos y en cuerpos de agua. Resulta curioso que un elemento fundamental para el desarrollo de las plantas, como el humus, genera un tóxico cancerígeno cuando se combina con el cloro en el agua.

Los tóxicos que se pueden producir son diversos, pero los que más interesan son los llamados trihalometanos (THM). Son compuestos químicos formados principalmente por cloro y metano.

Los triahalometanos se los puede dividir en cuatro grupos, que son: cloroformo (CHCl3), bromodiclorometano (CHBrCl2), dibromoclorometano (CHBr2Cl) y bromoformo ( CHBr3). Para entender un poco esta nomenclatura química, se considera que siendo la molécula de metano (CH4), se reemplaza a tres átomos de hidrógeno (H) por igual número de átomos de cloro (Cl) o bromo (Br), quedando: CHX3.

Los THM causan daños al hígado y riñón y se lo relaciona con el cáncer de vejiga. Un grupo neocelandés estima que el 25 % de los cánceres de vejiga se pueden deber al consumo de agua clorada, mientras que en el ámbito español ese porcentaje es del orden de 20%. La Agencia de Protección de Ambiental de EEUU (USEPA) calcula que el riesgo de contraer cáncer varía entre 2 y 17%. Como se aprecia, el riesgo existe, pero no está claramente definido.

La USEPA ha establecido que el nivel máximo de THM en el agua sea de 80 ug/l (microgramos por litro). La Unión Europea (UE) establece como límite 100 ug/l. Por ejemplo, Portugal y España son los países con los niveles más altos de THM en la UE. Hay que tener en cuenta que estas concentraciones son muy pequeñas, del orden de partes por billón; cuanto más peligrosos son los tóxicos, menores serán las concentraciones establecidas.

FORMACIÓN DE TRIHALOMETANOS

La cantidad de trihalometanos generados dependerá de varios factores: cantidad de cloro añadida al agua, presencia de materia orgánica natural, tiempo de contacto entre ambos y temperatura y PH del agua.

El cloro se lo aplica en dos etapas diferentes del proceso de tratamiento: a la entrada y a la salida de la planta de potabilización. En esta última etapa, se añade cloro en exceso (cloro residual) para que siga actuando a medida que el agua viaja por las cañerías de distribución y llega al consumidor. Una de las razones se debe a que en el interior de las cañerías pueden aparecer bacterias que se pegan a las paredes y forman una capa de microorganismos llamada "biopelículas bacterianas".

Sin embargo, es de suma importancia que la cantidad de cloro residual sea la adecuada, porque si se excede en cantidad se favorece la formación de tóxicos (como los THM) y también provocaría el rechazo de la población a causa del sabor y olor.

SOLUCIONES ALTERNATIVAS

Considerando que a mayor cantidad de cloro y materia orgánica, mayor es la probabilidad de que se formen THM, las soluciones a este problema sería la de reducir la cantidad de cloro empleada y materia orgánica existente en el agua. Esto se logra aplicando tecnologías alternativas más eficientes en las plantas de tratamiento de agua, que obviamente significa mayores inversiones. Las alternativas posibles podrían ser: carbón activado, ozono o luz ultravioleta.

Así las cosas, el riesgo por el consumo de agua clorada existe, aunque no se conoce cuál es. Mientras tanto, la OMS admite que es preferible que existan THM en el agua potable por aplicación de exceso de cloro, a que aparezca agua contaminada por escasez de cloro. Por lo pronto, mucho no se puede hacer: o aceptamos el mal menor, o cambiamos al agua mineral en botella.

Bibliografía

1. Alicia Sánchez Zafra. Efectos de los trihalometanos sobre la salud.

2. Reportaje a Hermenegildo García Gómez. Catedrático Universidad Politécnica de Valencia

3. María Teresa Leal Ascencio. Tecnologías convencionales de tratamiento de agua y sus limitaciones

4. Francisco Rodríguez Vidal. Biodegradabilidad de la materia orgánica natural del agua y efecto del ozono